El campo de pruebas de General Motors cumple 45 años

Está ubicado en la localidad de Cruz Alta, en el estado de Säo Caetano Do Sul, Brasil. Allí, se realiza una inversión de 15 millones de dólares para instalaciones y equipos extras para validar los sistemas avanzados de conectividad, seguridad y eficiencia energética.

El Campo de Pruebas de Cruz Alta (CPCA) de General Motors está cumpliendo 45 años de actividades en medio de ampliaciones para el desarrollo de vehículos inéditos y tecnologías innovadoras de conectividad, seguridad y eficiencia energética, novedades que se conocerán en los próximos lanzamientos de Chevrolet en la región.

En esta nueva etapa se invirtieron más de 15 millones de dólares, que incluyen la incorporación de equipos para los siete laboratorios, como el de motores y de electro-electrónica, y la construcción de la decimoséptima pista de prueba, en total, el complejo ocupa una superficie equivalente a 160 mil campos de fútbol.

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Otro punto importante del CPCA es la validación de ítems avanzados de conectividad, seguridad y eficiencia energética.

La recién construida rampa extendida es otro ejemplo de que el CPCA está en constante modernización y ampliación. Con diferentes ángulos de inclinación para simular largas subidas, la nueva pista se está utilizando para complementar los parámetros de calibración de sistemas electrónicos, algo que se tornará más común en los modelos de producción regional y también en los test de durabilidad, en correlación con el uso del campo de pruebas.

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Esta es la decimoséptima pista. Sumadas, son aproximadamente 44 kilómetros. Los siete laboratorios, los talleres y otras edificaciones de apoyo ocupan una superficie de 27 mil metros cuadrados.

El propósito de toda esta estructura es desarrollar y validar un vehículo para que resista a las más variadas condiciones de pavimento, clima y tránsito que tendrá que enfrentar durante su vida útil.

El CPCA también es referencia mundial en GM para el desarrollo de sistemas de suspensión, frenado y dirección, calibración de motores, como también experimentos de durabilidad.

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Cientos de mecánicos, ingenieros y conductores de prueba se turnan día y noche en las pruebas de laboratorio y de pistas. De esta forma, en seis meses es posible simular el desgaste que un automóvil sufriría si se lo hiciera circular durante diez años en condiciones normales de tránsito o el equivalente a 160.000 kilómetros.

En total, se realizan más de 10 mil pruebas por año, como las de corrosión, que consumen 90 toneladas de sal gruesa por año. Por su parte, una prueba de desarrollo de neumáticos en el “Black Lake” consume 480 m3 de agua o el equivalente a 48 camiones cisterna –esta agua que se recoge de la lluvia, es tratada y reutilizada–.

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